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Todos tenemos algún vidrio roto en el alma, que lastima y hace sangrar aunque sea un poquito. Entonces, al escribir siento que puedo sacar un poco de esos vidrios fuera de mí. Al ponerlos en un papel, ya no me dañan. Eduardo Galeano 

Dejar el nido

  Hace 25 años que me fui de la casa de mis padres. Primero, para vivir sola -mi meta desde chiquita- y probar eso de valerse por uno mismo y luego, porque la vida me dio la oportunidad de trabajar de lo que había estudiado, pero a 400 km de ahí. Apenas dejé el nido, volvía cada domingo al imperdible asado de mí papá, el mejor que probé en mí vida. Con el pasar del tiempo, las visitas se volvieron cada vez más espaciadas, sobre todo, con el nacimiento de mis hijos. Hoy en día, viajo aproximadamente cinco veces al año. En cada viaje encuentro algún cambio en la cuadra: nuevos vecinos, casas adosadas en una segunda planta, motos que suenan a peligro, perros nuevos. Por suerte aún quedan algunos vecinos de entonces. También encuentro niños nuevos, pero ya no juegan en la calle. Quizás porque ahora la calle está llena de autos. Ya no queda espacio para poner cuatro ladrillos enfrentados de a dos para improvisar los arcos de un fulbito. Tampoco quedan sitios baldíos para armar la choza,...

Sin empleo

 Hace casi un año perdí mi empleo. Y siempre tuve la idea -que ha sido corroborada en estos once meses- de que cuando uno pierde su trabajo habitual, pierde mucho más que un sueldo. Paso a enumerar muchas de las cosas que, considero, se pierden con un empleo: Se pierde la rutina, y por más aburrida que resulten, las rutinas siempre te ordenan y estructuran el día a día. Cuando esa estructura se tambalea, hay que apuntalarla como sea. Otra pérdida, que resultó muy grande para mi, fue la de la obra social. No sólo fue no poder aun acostumbrarme a un sistema cada vez peor, sino privarme a mi y a mis hijos de ser atendidos por nuestros médicos de siempre. Créanme que eso no se lo deseo ni al que me dejó sin trabajo. Se pierden también contactos profesionales. Cuando uno queda a la deriva, golpea muchas puertas, pero a veces, no todos te las abren. Muchos asoman por la ventanita diciéndote: "dale, cualquier cosa que sepa te llamo".  Y sabés que tu teléfono no va a sonar. Otra de l...