Sin empleo

 Hace casi un año perdí mi empleo. Y siempre tuve la idea -que ha sido corroborada en estos once meses- de que cuando uno pierde su trabajo habitual, pierde mucho más que un sueldo.

Paso a enumerar muchas de las cosas que, considero, se pierden con un empleo:

Se pierde la rutina, y por más aburrida que resulten, las rutinas siempre te ordenan y estructuran el día a día. Cuando esa estructura se tambalea, hay que apuntalarla como sea.

Otra pérdida, que resultó muy grande para mi, fue la de la obra social. No sólo fue no poder aun acostumbrarme a un sistema cada vez peor, sino privarme a mi y a mis hijos de ser atendidos por nuestros médicos de siempre. Créanme que eso no se lo deseo ni al que me dejó sin trabajo.

Se pierden también contactos profesionales. Cuando uno queda a la deriva, golpea muchas puertas, pero a veces, no todos te las abren. Muchos asoman por la ventanita diciéndote: "dale, cualquier cosa que sepa te llamo".  Y sabés que tu teléfono no va a sonar.

Otra de las pérdidas, la que a mi en este tiempo más me dolió y más me costó soltar, son las de las amistades que te da el tener un trabajo. Eso. Sentís como que algo se esfuma, se disuelve, desaparece poco a poco como arena entre los dedos. Es el duelo más largo. Ver que ya no te extrañan, no te necesitan, no sos parte de los planes de otro, no estás en la cargada del fútbol, en la juntada porque sí. Te quedás sin un lugar al cual podés volver. Y los mates mangueando yerba, intercambiando yuyos, ahora los tomás solo, yendo a revisar las plantas cada tanto, con la compu todo el día en linkedin.

Sé que soy repetitiva con este tema, pero el duelo se hizo más largo de lo que yo esperaba. Quizás poder insertarme en el ambiente laboral más rápidamente me hubiera hecho ver las cosas de otro modo. No lo sé.



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